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Creyentes

¡Glorificado seas, oh Tú Señor, mi Dios!

Te ofrezco mi agradecimiento, ya que me has creado en tus días y has inculcado en mí tu amor y tu ciencia. Te imploro por tu Nombre -mediante el cual las bellas perlas de tu sabiduría y tus palabras fueron sacadas del tesoro de los corazones de aquellos siervos tuyos que se encuentran próximos a Ti y por medio del cual el astro matutino de tu Nombre, el Compasivo, ha derramado su refulgencia sobre todos los que están en tu cielo y en tu tierra-, por tu gloria y tu bondad, me concedas tus maravillosas y ocultas dádivas.

Estos días son los primeros de mi vida, oh mi Dios, que Tú has vinculado con tus días. Ya que me has conferido tan gran honor, no me prives de las cosas que has ordenado para tus elegidos.

¡Oh mi Dios! No soy más que una pequeña semilla que Tú has sembrado en el suelo de tu amor y has hecho brotar por la mano de tu bondad. Por tanto, esta semilla está sedienta en sus entrañas de las aguas de tu merced y de la fuente vivificante de tu gracia.

Haz descender sobre ella, desde el cielo de tu amorosa bondad, aquello que hará posible que florezca bajo tu sombra y dentro de los recintos de tu corte.

Tú eres quien riega los corazones de todos los que te han reconocido, con tu cuantioso torrente y con la fuente de tus aguas vivificadoras.

¡Alabado sea Dios, Señor de todos los mundos!

Bahá'u'lláh

 

Oh mi Dios, magnificado sea tu Nombre por cuanto has manifestado el Día que es el rey de los días; Día que Tú anunciaste a tus escogidos y a tus profetas en tus más excelsas Tablas; Día en que Tú derramaste el esplendor de la gloria de todos tus Nombres sobre todo lo creado. Grande es la bendición de cualquiera que se haya vuelto hacia Ti, alcanzado tu presencia y percibido el acento de tu voz.

Te imploro, oh mi Señor, por el nombre de Aquel a quien circunda en adoración el Reino de tus nombres, que bondadosamente ayudes a los que te son queridos a glorificar tu palabra entre tus siervos y a esparcir tu alabanza entre tus criaturas, de modo que el éxtasis de tu Revelación colme el alma de cada uno de los habitantes de tu tierra.

Oh mi Señor, ya que Tú los has guiado hacia las aguas vivientes de tu gracia, concede con tu generosidad que no sean apartados de Ti. Y puesto que los has convocado a la morada de tu trono, por tu amorosa bondad, no los alejes de tu presencia. Haz descender sobre ellos aquello que les hará desprenderse completamente de todo excepto de Ti y les capacitará para remontarse en la atmósfera de tu cercanía, de modo que ni el dominio de los opresores, ni las insinuaciones de quienes no han creído en tu muy augusto y poderosísimo Ser, sean capaces de mantenerlos lejos de Ti.

Bahá'u'lláh

 

¡La alabanza sea para Ti, oh mi Dios! Tú eres Aquel que con una palabra de su boca ha revolucionado la creación entera y con un trazo de su pluma ha separado a tus siervos unos de otros. Atestiguo, oh mi Dios, que mediante una palabra pronunciada por Ti en esta Revelación fueron extinguidas todas las cosas creadas y, mediante otra palabra, todos aquellos que Tú deseaste fueron dotados de nueva vida por tu gracia y munificencia.

Te doy gracias, por tanto, y te ensalzo en el nombre de todos aquellos que te son queridos, por cuanto los has hecho nacer de nuevo a causa de las aguas de vida que han manado de la boca de tu voluntad. Ya que Tú los has vivificado por tu munificencia, oh mi Dios, haz por tu gracia que se inclinen firmemente hacia tu voluntad; y ya que Tú les permitiste entrar en el tabernáculo de tu Causa, concede por tu gracia que no sean apartados de Ti.

Abre, entonces, a sus corazones, oh mi Dios, las puertas de tu conocimiento, para que te reconozcan como Aquel que está mucho más allá del alcance de la comprensión de tus criaturas e inmensamente exaltado sobre los esfuerzos de tu pueblo para indicar tu naturaleza y para que no sigan a cada impostor vociferante que pretende hablar en tu nombre. Permíteles además, oh mi Señor, que se aferren tan tenazmente a tu Causa, que puedan permanecer inmutables ante las desconcertantes sugerencias de aquellos que, impulsados por sus propios deseos, pronuncian lo que les ha sido prohibido en tus Tablas y en tus Escrituras.

Tú bien sabes, oh mi Señor, que yo oigo los aullidos de los lobos que se presentan con la vestidura de tus siervos. Protege, por tanto, a tus amados de su malicia y haz que se aferren firmemente a todo lo que haya sido manifestado por Ti en esta Revelación, que no ha sido superada por ninguna otra Revelación dentro de tu conocimiento.

Destina para ellos, oh mi Señor, aquello que les beneficie. Ilumina entonces sus ojos con la luz de tu conocimiento, para que puedan verte claramente supremo sobre todas las cosas, resplandeciente entre tus criaturas y victorioso sobre todos los que están e n tu tierra. Potente eres para hacer tu voluntad. No hay Dios sino Tú, el Todo Glorioso, cuya ayuda todos los hombres imploran.

¡Alabado seas Tú, quien eres el Señor de toda la creación!

Bahá'u'lláh

 

¡Glorificado seas Tú, oh Señor mi Dios! En tu altísimo Paraíso has asignado a tus siervos tales posiciones que si alguna de ellas fuera descubierta a los ojos de los hombres, todos los que están en la tierra y todos los que están en el cielo quedarían atónitos. ¡Por tu poder!, si los reyes presenciaran gloria tan grande, con seguridad se librarían de sus dominios y se adherirían a aquellos súbditos que se han puesto a la sombra de tu merced inmensurable y han buscado el amparo de tu gloriosísimo Nombre.

Te imploro, oh Tú que eres el Amado de los mundos y el Deseo de todos los que te han reconocido, por tu Nombre, mediante el cual conmueves a quien deseas y atraes hacia Ti a quien te place, que abras los ojos de todos los que te son queridos para que quizás no sean separados como por un velo de Ti, como lo están los pueblos de la tierra, sino que puedan percibir externamente los signos y las evidencias de tu poder y comprender internamente las cosas que Tú ordenaste para ellos en los dominios de tu gloria.

Potente eres Tú para hacer tu voluntad. Tú solo eres el único Amado de este mundo y el venidero. No hay Dios sino Tú, el Más Exaltado, el Todo Glorioso.

Bahá'u'lláh

 

¡Oh mi Dios y mi Maestro! Soy tu siervo y el hijo de tu siervo. Me he levantado de mi lecho en este amanecer en que el sol de tu unicidad ha brillado desde la aurora de tu voluntad y ha derramado su resplandor sobre todo el mundo de acuerdo con lo que ha sido ordenado en los libros de tus leyes.

Alabado seas Tú, oh mi Señor, por habernos despertado a los resplandores de la luz de tu sabiduría. Envíanos pues, oh mi Señor, lo que nos capacite para prescindir de todos excepto de Ti y nos libre de todo apego a alguien que no seas Tú. Además decreta para mí, para quienes me son queridos y para mis parientes, hombres y mujeres, el bien de este mundo y el venidero. Resguárdanos, entonces, mediante tu infalible protección, oh Tú el Bienamado de la creación entera y el Deseo de todo el universo, de aquellos a quienes has hecho manifestaciones del malvado, que susurran en el pecho de los hombres. Potente eres Tú para hacer lo que te place. Tú eres verdaderamente el Omnipotente, el que ayuda en el peligro, el que subsiste por Sí mismo.

Bendice, oh Señor mi Dios, a Aquel que has establecido sobre tus más excelentes títulos y mediante el cual Tú has separado a los justos de los perversos. Ayúdanos con tu gracia a realizar aquello que Tú amas y deseas. Bendice, además, oh mi Dios, a quienes son tus Palabras y tus Letras y a quienes han dirigido sus rostros hacia Ti, se han vuelto hacia tu semblante y han escuchado tu llamamiento.

Tú eres en verdad el Señor y Rey de todos los hombres y eres poderoso sobre todas las cosas.

Bahá'u'lláh

 

¡Oh Dios!

Concede que estos siervos sean aceptados en tu umbral.

Revela un nuevo Cielo y una nueva Tierra para que sea nuestra morada. Haz que descienda una nueva Jerusalén desde lo alto.

Dota a la humanidad de nuevos pensamientos y de nueva vida. Imbuye a las almas nuevas percepciones y confiéreles nuevas virtudes.

Tú eres el Donador, el Fuerte. En verdad Tú eres el Generoso.

'Abdu'l-Bahá

 

¡Él es Dios!

¡Oh Dios, mi Dios! Estos son tus siervos atraídos en tus días por las fragancias de tu santidad, encendidos por la llama que arde en tu árbol sagrado, que responden a tu voz, pronuncian tu alabanza, despertados por tu brisa, conmovidos por tus dulces fragancias, contemplan tus signos, comprenden tus versos, escuchan tus palabras, creen en tu Revelación y están seguros de tu cariñosa bondad. Sus ojos, oh Señor, están fijos en tu reino de gloria efulgente y sus rostros están vueltos hacia tu dominio de lo alto, sus corazones laten con el amor de tu radiante y gloriosa belleza, sus almas están consumidas por la llama de tu amor, oh Señor de este mundo y del mundo venidero; están sus vidas bullendo con el ardor de su anhelo por Ti y sus lágrimas han sido vertidas por tu Causa.

Escúdalos dentro de la fortaleza de tu protección y seguridad; presérvalos con tu vigilante cuidado; considéralos con los ojos de tu providencia y misericordia y haz de ellos signos de tu divina unidad, manifiestos en todas las regiones, estandartes de tu poder flameando sobre tus mansiones de grandeza, luces brillantes que arden con el aceite de tu sabiduría en las lámparas de tu guía, pájaros del jardín de tu conocimiento que gorjean en las más altas ramas de tu paraíso protector y gigantes del océano de tu bondad que se sumergen por tu suprema misericordia en las insondables profundidades.

¡Oh Señor, mi Dios! Estos siervos tuyos son humildes; enaltécelos en tu reino de lo alto; son débiles, fortalécelos con tu supremo poder; están humillados, concédeles tu gloria en tu más alto reino; son pobres, enriquécelos en tu gran dominio. Ordena entonces para ellos todo el bien que Tú has destinado en tus mundos visibles e invisibles, hazlos prosperar en este mundo, alegra sus corazones con tu inspiración, oh Señor de todos los seres. Ilumina sus corazones con tus buenas nuevas difundidas desde tu posición todo gloriosa, afirma sus pasos en tu Convenio Mayor y fortalece sus espaldas en tu firme Testamento, por tu munificencia y gracia prometida, oh Tú el Bondadoso y el Misericordioso. Tú eres en verdad el Bondadoso, el Todo Generoso.

'Abdu'l-Bahá