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Ayuno

 

El Kitáb-i-Aqdas establece: "Os hemos prescrito orar y ayunar a partir del comienzo de la madurez (quince años). Esto es ordenado por Dios, vuestro Señor y el Señor de vuestros antepasados... El viajero, el enfermo, las embarazadas o las que amamanten no están obligados a ayunar... Absteneos de comer y beber desde la salida hasta la puesta del Sol. Y cuidaos no sea que el deseo os prive de esta gracia designada en el Libro".

* El período de ayuno abarca desde el 1 de marzo hasta el 19 de marzo 2017.

Oraciones para el Ayuno

Te imploro, oh mi Dios, por tu poderoso signo y por la revelación de tu gracia entre los hombres, que no me alejes de la puerta de la ciudad de tu presencia, ni frustres las esperanzas que he puesto en las manifestaciones de tu gracia entre tus criaturas. Tú me ves, oh mi Dios, asiéndome a tu Nombre, el Más Santo, el Más Luminoso, el Más Fuerte, el Más Grande, el Más Exaltado, el Más Glorioso, y adhiriéndome al borde del manto al cual se han adherido todos, en este mundo y en el venidero.

Te imploro, oh mi Dios, por tu muy dulce voz y por tu muy exaltada Palabra, que me acerques cada vez más al umbral de tu puerta y no permitas que sea alejado de la sombra de tu misericordia y del dosel de tu generosidad. Tú me ves, oh mi Dios, asiéndome a tu Nombre, el Más Santo, el Más Luminoso, el Más Fuerte, el Más Grande, el Más Exaltado, el Más Glorioso, y adhiriéndome al borde del manto al cual se han adherido todos, en este mundo y en el venidero.

Te imploro, oh mi Dios, por el esplendor de tu frente luminosa y por el resplandor de la luz de tu semblante que brilla en el más Alto horizonte, que me atraigas con la fragancia de tu vestidura y me hagas beber del vino escogido de tu expresión. Tú me ves, oh mi Dios, asiéndome a tu Nombre, el Más Santo, el Más Luminoso, el Más Fuerte, el Más Grande, el Más Exaltado, el Más Glorioso, y adhiriéndome al borde del manto al cual se han adherido todos, en este mundo y en el venidero.

Te imploro, oh mi Dios, por tu cabello que se mueve sobre tu rostro, así como tu muy exaltada Pluma corre a través de las páginas de tus Tablas derramando el almizcle de significados ocultos sobre el reino de tu creación, que me eleves para servir a tu Causa de modo tal que no retroceda ni sea estorbado por las insinuaciones de quienes han puesto reparos a tus signos y se han apartado de tu rostro. Tú me ves, oh mi Dios, asiéndome a tu Nombre, el Más Santo, el Más Luminoso, el Más Fuerte, el Más Grande, el Más Exaltado, el Más Glorioso, y adhiriéndome al borde del manto al cual se han adherido todos, en este mundo y en el venidero.

Te imploro, oh mi Dios, por tu Nombre que Tú has hecho el rey de los nombres y mediante el cual se extasiaron todos los que están en el cielo y en la tierra, que me permitas contemplar el sol de tu belleza y que me proveas con el vino de tu Palabra. Tú me ves, oh mi Dios, asiéndome a tu Nombre, el Más Santo, el Más Luminoso, el Más Fuerte, el Más Grande, el Más Exaltado, el Más Glorioso, y adhiriéndome al borde del manto al cual se han adherido todos, en este mundo y en el venidero.

Te imploro, oh mi Dios, por el Tabernáculo de tu majestad sobre las más altas cumbres y por el dosel de tu Revelación en las más elevadas montañas, que me ayudes bondadosamente a hacer lo que tu voluntad ha deseado y tu propósito ha manifestado. Tú me ves, oh mi Dios, asiéndome a tu Nombre, el Más Santo, el Más Luminoso, el Más Fuerte, el Más Grande, el Más Exaltado, el Más Glorioso, y adhiriéndome al borde del manto al cual se han adherido todos, en este mundo y en el venidero.

Te imploro, oh mi Dios, por tu Belleza que brilla sobre el horizonte de la eternidad, Belleza ante la cual se inclina en adoración el reino de la belleza, magnificándola con tonos resonantes, tan pronto como ella se revela, que me permitas morir a todo lo que poseo y vivir para todo lo que a Ti te pertenece. Tú me ves, oh mi Dios, asiéndome a tu Nombre, el Más Santo, el Más Luminoso, el Más Fuerte, el Más Grande, el Más Exaltado, el Más Glorioso, y adhiriéndome al borde del manto al cual se han adherido todos, en este mundo y en el venidero.

Te imploro, oh mi Dios, por la Manifestación de tu Nombre, el Bienamado, por quien fueron consumidos los corazones de los que te aman y se remontaron a lo alto las almas de todos los que habitan en la tierra, que me ayudes a recordarte entre tus criaturas y a ensalzarte entre tu pueblo. Tú me ves, oh mi Dios, asiéndome a tu Nombre, el Más Santo, el Más Luminoso, el Más Fuerte, el Más Grande, el Más Exaltado, el Más Glorioso, y adhiriéndome al borde del manto al cual se han adherido todos, en este mundo y en el venidero.

Te imploro, oh mi Dios, por el susurro del divino Árbol del Loto y por el murmullo de las brisas de tu Palabra en el reino de tus nombres, que me alejes de todo cuanto tu voluntad detesta y me acerques al lugar donde resplandece quien es la Aurora de tus signos. Tú me ves, oh mi Dios, asiéndome a tu Nombre, el Más Santo, el Más Luminoso, el Más Fuerte, el Más Grande, el Más Exaltado, el Más Glorioso, y adhiriéndome al borde del manto al cual se han adherido todos, en este mundo y en el venidero.

Te imploro, oh mi Dios, por aquella Letra que, al salir de la boca de tu voluntad, ha hecho agitarse los océanos, soplar los vientos, aparecer los frutos, brotar los árboles, desaparecer todos los vestigios del pasado, rasgarse los velos y apresurarse hacia la luz del semblante de su Señor, el Libre, a los que están dedicados a Ti, que me des a conocer lo que estaba oculto en los tesoros de tu conocimiento y guardado en los depósitos de tu sabiduría. Tú me ves, oh mi Dios, asiéndome a tu Nombre, el Más Santo, el Más Luminoso, el Más Fuerte, el Más Grande, el Más Exaltado, el Más Glorioso, y adhiriéndome al borde del manto al cual se han adherido todos, en este mundo y en el venidero.

Te imploro, oh mi Dios, por el fuego de tu amor que quitó el sueño de los ojos de tus elegidos y amados, y por el recuerdo y alabanza que te hacen al amanecer, que me cuentes entre aquellos que han alcanzado lo que Tú has enviado en tu Libro y manifestado por tu voluntad. Tú me ves, oh mi Dios, asiéndome a tu Nombre, el Más Santo, el Más Luminoso, el Más Fuerte, el Más Grande, el Más Exaltado, el Más Glorioso, y adhiriéndome al borde del manto al cual se han adherido todos, en este mundo y en el venidero.

Te imploro, oh mi Dios, por la luz de tu semblante que ha impulsado a quienes están cerca de Ti a recibir los dardos de tu decreto y a quienes están consagrados a Ti a enfrentarse a las espadas de tus enemigos en tu sendero, que decretes para mí, mediante tu muy exaltada pluma, aquello que Tú has decretado para tus depositarios y tus elegidos. Tú me ves, oh mi Dios, asiéndome a tu Nombre, el Más Santo, el Más Luminoso, el Más Fuerte, el Más Grande, el Más Exaltado, el Más Glorioso, y adhiriéndome al borde del manto al cual se han adherido todos, en este mundo y en el venidero.

Te imploro, oh mi Dios, por tu Nombre, mediante el cual has escuchado la invocación de quienes te aman, los suspiros de quienes te anhelan, el llanto de quienes gozan de tu cercanía, el gemido de quienes están dedicados a Ti y mediante el cual has cumplido los deseos de quienes han puesto sus esperanzas en Ti, realizado sus anhelos por medio de tu gracia y favores, y por tu Nombre mediante el cual el océano del perdón se agitó ante tu rostro, la lluvia de las nubes de tu generosidad se vertió sobre tus siervos, que decretes para todo el que se haya vuelto hacia Ti y haya observado el ayuno que Tú has prescrito, la recompensa decretada para quienes no hablan sino con tu permiso y quienes han abandonado en tu sendero y por amor a Ti todo lo que poseían.

Te imploro, oh mi Señor, por Ti mismo, por tus signos, por tus claras señales, por la refulgente luz del sol de tu Belleza y por tus Ramas, que absuelvas las faltas de quienes se han mantenido firmes en tus leyes y han observado aquello que Tú les has prescrito en tu Libro. Tú me ves, oh mi Dios, asiéndome a tu Nombre, el Más Santo, el Más Luminoso, el Más Fuerte, el Más Grande, el Más Exaltado, el Más Glorioso, y adhiriéndome al borde del manto al cual se han adherido todos, en este mundo y en el venidero.

Bahá'u'lláh

 

¡Alabado seas, oh Señor, mi Dios! Te imploro por esta Revelación -mediante la cual la oscuridad ha sido convertida en luz, se ha erigido el frecuentado Templo, se ha revelado la Tabla escrita y se ha descubierto el rollo desplegado- que hagas descender sobre mí y sobre quienes me acompañan aquello que nos permita remontarnos a los cielos de tu trascendente gloria y nos lave la mancha de las dudas que impidieron a los sospechosos entrar en el tabernáculo de tu unidad.

Soy aquel, oh mi Señor, que se ha sostenido firmemente del cordón de tu cariñosa bondad y se ha aferrado al borde de tu misericordia y favores.

Ordena para mí y para mis amados el bien de este mundo y del venidero. Provéeles, pues, con la dádiva oculta que Tú ordenaste para los elegidos entre tus criaturas.

Estos son, oh mi Señor, los días en que Tú ordenaste a tus siervos observar el ayuno. Bendito aquel que observa el ayuno enteramente por tu Causa y con absoluto desprendimiento de todas las cosas excepto de Ti. Ayúdame y ayúdales, oh mi Señor, a obedecerte y a guardar tus preceptos. Tú verdaderamente tienes poder para hacer lo que desees.

No hay Dios sino Tú, el Omnisciente, el Sapientísimo. Toda alabanza sea para Dios, Señor de todos los mundos.

Bahá'u'lláh

 

Al amanecer

Estos son, oh mi Dios, los días en que Tú ordenaste a tus siervos observar el ayuno. Con él adornaste el preámbulo del Libro de tus Leyes revelado a tus criaturas y engalanaste las tablas de tus mandamientos a la vista de todos los que están en tu cielo y todos los que están en tu tierra. Tú has dotado cada hora de estos días con una virtud especial, inescrutable a cualquier otro que no seas Tú, cuya sabiduría abarca todo lo creado. Tú también has asignado a cada alma una porción de esta virtud de acuerdo con la tabla de tu decreto y las escrituras de tu juicio irrevocable. Tú, además, has asignado todas las páginas de estos libros y de estas escrituras a cada uno de los pueblos y razas de la tierra.

Según tu decreto, has reservado en cada amanecer el cáliz de tu recuerdo para aquellos que te aman ardientemente, oh Tú que eres el Soberano de los soberanos. Son ellos quienes han sido tan embriagados por el vino de tu múltiple sabiduría, que abandonan sus lechos anhelando celebrar tu alabanza y ensalzar tus virtudes, escapan al sueño ansiando acercarse a tu presencia y participar de tu generosidad. Sus ojos han estado en todo tiempo dirigidos hacia la aurora de tu cariñosa bondad y sus rostros vueltos hacia el manantial de tu inspiración. Vierte, entonces, sobre nosotros y sobre ellos, de las nubes de tu misericordia, lo que sea digno de tu generosidad y gracia.

¡Alabado sea tu nombre, oh mi Dios! Esta es la hora en que Tú has abierto las puertas de tu generosidad ante los rostros de tus criaturas y los portales de tu tierna merced a todos los habitantes de tu tierra. Te imploro -por todos aquellos cuya sangre fue derramada en tu sendero, quienes en su anhelo por Ti se libraron de todo apego a cualquiera de tus criaturas y quienes fueron tan extasiados por los dulces perfumes de tu inspiración que cada uno de los miembros de su cuerpo entonaba tu alabanza y vibraba con tu recuerdo- que no nos niegues las cosas que Tú has ordenado irrevocablemente en esta Revelación, Revelación cuya potencia ha hecho exclamar a cada árbol lo que la Zarza Ardiente proclamó antes a Moisés, el que conversó contigo. Revelación que ha permitido al más pequeño pedrusco resonar nuevamente con tu alabanza tal como te glorificaron las piedras en los días de Mahoma, tu amigo.

¡Oh mi Dios!, éstos son aquellos a quienes Tú has ayudado con tu gracia a ser tus compañeros y a tener comunión con Aquel que es el Revelador de Ti mismo. Los vientos de tu voluntad se han esparcido por doquier hasta que Tú los reuniste bajo tu sombra y les hiciste entrar en los recintos de tu corte. Por cuanto Tú los has cobijado a la sombra del dosel de tu misericordia, ayúdales a alcanzar lo que es digno de tan augusta posición. No permitas, oh mi Señor, que sean contados entre aquellos a los que, a pesar de gozar de tu proximidad, les fue impedido reconocer tu rostro y, aunque te encontraron, fueron privados de tu presencia.

Estos son tus siervos, oh mi Señor, que han entrado contigo en esta la Mayor Prisión, que han observado el ayuno dentro de sus muros, de acuerdo con lo que Tú les has ordenado en las tablas de tu decreto y los libros de tu mandato. Haz descender, entonces, sobre ellos lo que los purifique completamente de todo lo que Tú detestas, para que puedan dedicarse completamente a Ti y desprenderse enteramente de todo excepto de Ti.

Por tanto, vierte sobre nosotros, oh mi Dios, aquello que es propio de tu gracia y digno de tu generosidad. Capacítanos entonces, oh mi Dios, para que vivamos en tu recuerdo y perezcamos en tu amor. Y provéenos con la dádiva de tu presencia en tus mundos venideros; mundos que son inescrutables para todos menos para Ti. Tú eres nuestro Señor y el Señor de todos los mundos y el Dios de todos los que están en el cielo y de todos los que están en la tierra.

Tú ves, oh mi Dios, lo que ha sucedido a tus amados en tus días. ¡Tu gloria me lo atestigua! El clamor de los lamentos de tus elegidos se ha elevado por todo tu reino. Algunos fueron atrapados por los infieles de tu tierra, quienes les impidieron acercarse a Ti y alcanzar la corte de tu gloria. Otros pudieron acercarse a Ti pero no les fue permitido contemplar tu rostro. Aún más, a otros que anhelaban verte les fue permitido entrar en los recintos de tu corte, pero dejaron que los velos de la imaginación de tus criaturas y los males infligidos por los opresores entre tu pueblo se interpusieran entre ellos y Tú.

Esta es la hora, oh mi Señor, que Tú has hecho que sobresalga entre todas las horas y que Tú has destinado para las más escogidas de tus criaturas. Te imploro, oh mi Dios, por Ti mismo y por ellas, que ordenes en el curso de este año lo que enaltezca a tus amados. Decreta además, en este año, lo que permita al sol de tu poder resplandecer sobre el horizonte de tu gloria e iluminar por tu soberano poder al mundo entero.

Haz victoriosa a tu Causa, oh mi Señor, y humilla a tus enemigos. Decreta entonces para nosotros el bien de esta vida y la próxima. Tú eres la Verdad, quien conoce las cosas secretas. No hay Dios sino Tú, el que siempre perdona, el Todo Generoso.

Bahá'u'lláh

 

¡Gloria sea a Ti, oh Señor mi Dios! Estos son los días en que Tú has ordenado a todos los hombres observar el ayuno, para que por él purifiquen sus almas y se libren de todo apego a otro que no seas Tú y ascienda de sus corazones lo que es digno de la corte de tu majestad y propio de la sede de la revelación de tu unicidad. Permite, oh mi Señor, que este ayuno llegue a ser un río de aguas vivificantes y otorgue la virtud con que Tú lo dotaste. Purifica con él los corazones de tus siervos, a quienes los males del mundo no impidieron volverse hacia tu Nombre todo glorioso y permanecieron inmutables ante el clamor y tumulto de los que han repudiado¡ tus muy resplandecientes signos, que acompañaron el advenimiento de tu Manifestación, la cual has investido con tu soberanía, tu poder, tu majestad y gloria. Estos son los siervos que, tan pronto oyeron tu llamada, se apresuraron hacia tu merced y no fueron apartados de Ti por los cambios y azares de este mundo, ni por ninguna limitación humana.

Soy aquel, oh mi Dios, que atestigua tu unidad, declara tu unicidad, se inclina humildemente ante las revelaciones de tu majestad y reconoce con semblante sumiso los resplandores de la luz de tu trascendente gloria. He creído en Ti después de que Tú me permitieras conocer tu Ser, el que revelaste a los ojos de los hombres mediante la fuerza de tu soberanía y poder. Me he vuelto hacia Él completamente desprendido de todo y sosteniéndome firmemente del cordón de tus dádivas y favores. He abrazado su verdad y la verdad de todas las maravillosas leyes y preceptos que le fueron enviados. He ayunado por amor a Ti y en cumplimiento de tu mandato y he terminado mi ayuno con tu alabanza en mi lengua y en conformidad con tu agrado. No permitas, oh mi Señor, que me cuente entre quienes han ayunado durante el día y se han postrado de noche ante tu rostro, y han repudiado tu verdad, no han creído en tus signos, han negado tu testimonio y pervertido tus palabras.

Abre mis ojos, oh mi Señor, y los ojos de todos los que te han buscado, para que te reconozcamos con tus propios ojos. Esto nos lo ordenaste en el Libro enviado por Ti a Aquel a quien has elegido por tu orden, le has distinguido con tu favor por encima de todas tus criaturas, le has querido investir con tu soberanía, le has favorecido especialmente y le has confiado tu Mensaje para tu pueblo.

Alabado seas por tanto, oh mi Dios, puesto que Tú bondadosamente nos has capacitado para reconocerle y aceptar todo lo que le ha sido enviado y nos has conferido el honor de alcanzar la presencia de Aquel a quien Tú prometiste en tu Libro y en tus Tablas.

Tú me ves entonces, oh mi Dios, con el rostro vuelto hacia Ti, aferrándome al cordón de tu bondadosa providencia y generosidad y asiéndome al borde de tus amables mercedes y generosos favores. Te imploro que no destruyas mis esperanzas de lograr lo que Tú ordenaste para tus siervos que se han vuelto hacia los recintos de tu corte y el santuario de tu presencia y han observado el ayuno por amor a Ti. Confieso, oh mi Dios, que todo lo que procede de mí es completamente indigno de tu soberanía y no corresponde a tu majestad. No obstante, te suplico por tu Nombre, mediante el cual has revelado tu Ser en la gloria de tus muy excelentes títulos a todas las cosas creadas en esta Revelación, con la que Tú has manifestado tu belleza por medio de tu muy resplandeciente Nombre, que me des a beber del vino de tu merced y de la bebida pura de tu favor, que ha manado de la diestra de tu voluntad, para que fije en Ti mi mirada y me desprenda de todo salvo de Ti, a tal punto que el mundo y todo lo que ha sido creado en él me parezca como un día efímero que Tú no te has dignado crear.

Te imploro además, oh mi Dios, que hagas llover del cielo de tu voluntad y las nubes de tu misericordia aquello que nos purifique del apestoso olor de nuestras transgresiones, oh Tú que te has llamado el Dios de misericordia. Tú eres verdaderamente el Más Poderoso, el Todo Glorioso, el Benéfico.

No deseches, oh mi Señor, a aquel que se ha vuelto hacia Ti, ni permitas que aquel que se ha acercado a Ti sea alejado de tu corte. No frustres las esperanzas del suplicante que ha extendido anhelante sus manos solicitando tu gracia y favores, y no prives a tus siervos sinceros de las maravillas de tu tierna misericordia y cariñosa bondad. Tú eres Perdonador y Generosísimo, oh mi Señor. Tienes poder para hacer lo que te place. Todos fuera de Ti son impotentes ante las revelaciones de tu potencia, están perdidos ante las evidencias de tu riqueza, no son nada comparados con las manifestaciones de tu trascendente soberanía y están desprovistos de toda fuerza frente a los signos y pruebas de tu poder. ¿Qué refugio hay fuera Ti, oh mi Señor, al que pueda yo huir y dónde hay un cobijo al que pueda apresurarme? ¡No, el poder de tu fuerza me lo atestigua! No hay protector sino Tú, ni lugar donde huir excepto Tú, ni refugio que buscar fuera de Ti. Hazme probar, oh mi Señor, la divina dulzura de tu recuerdo y alabanza ¡Juro por tu poder! Quienquiera que pruebe su dulzura se librará de todo apego al mundo y a lo que hay en él y volverá su rostro ha Ti, purificado del recuerdo de cualquiera que no seas Tú.

Inspira, pues, mi alma, oh mi Dios, con tu maravilloso recuerdo, para que glorifique tu Nombre. No me cuentes entre aquellos que leen tus palabras y no encuentran tu dádiva oculta que por tu decreto está contenida en ellas y que vivifica las almas de tus criaturas y los corazones de tus siervos. ¡Oh mi Señor!, haz que me cuente entre los que han sido tan conmovidos por las dulces fragancias esparcidas en tus días, que han dado sus vidas por Ti y se han apresurado al lugar de su muerte en su ansía de contemplar tu belleza y en su anhelo de alcanzar tu presencia. Y si en el camino alguien les preguntase: "¿A dónde vais?", dirían: "¡Hacia Dios! el que todo lo posee, el que ayuda en el peligro, el que subsiste por Sí mismo".

Las transgresiones cometidas por los que se alejaron de Ti y se mostraron arrogantes ante Ti no han podido impedirles que te amen y fijen su rostro en Ti y se vuelvan hacia tu misericordia. Estos son los bendecidos por el Concurso de lo Alto, los que son glorificados por los moradores de las ciudades eternas y, más allá de ellos, por aquellos en cuyas frentes tu muy exaltada pluma ha escrito: "¡Estos son el pueblo de Bahá! Mediante ellos se han derramado los resplandores de la luz de guía". Así ha sido ordenado por tu mandato y por tu voluntad en la tabla de tu irrevocable decreto.

Proclama por tanto, oh mi Dios, su grandeza y la grandeza de aquellos que en vida o después de la muerte han circulado a su alrededor. Provéelos con lo que Tú has ordenado para los justos entre tus criaturas. Potente eres Tú para hacer todas las cosas. No hay Dios sino Tú, el Todopoderoso, el que ayuda en el peligro, el Omnipotente, el Más Generoso.

No hagas terminar nuestros ayunos con este ayuno, oh mi Señor, ni los Convenios que Tú has hecho con este Convenio. Acepta todo lo que hemos realizado por amor a Ti y en aras de tu complacencia y todo lo que hemos dejado de hacer, como resultado de la sujeción a nuestros males y corruptos deseos. Permítenos, pues, asirnos firmemente a tu amor y beneplácito. Y presérvanos contra la maldad de quienes te han negado y han repudiado tus muy resplandecientes signos. Tú eres en verdad el Señor de este mundo y del venidero. No hay Dios sino Tú, el Exaltado, el Altísimo.

Magnifica, oh Señor mi Dios, a Aquel que es el Punto Primordial, el Misterio Divino, la Esencia Invisible, la Aurora de Divinidad y la Manifestación de tu Señorío; mediante el cual fue esclarecido todo el conocimiento del pasado y todo el conocimiento del futuro; mediante el cual fueron descubiertas las perlas de tu sabiduría oculta y revelado el misterio de tu atesorado Nombre; a quien has designado el Anunciador de Aquel por cuyo nombre han sido unidas y enlazadas las letras de SÉ; mediante el cual se hizo conocer tu majestad, tu soberanía y tu poder; mediante el cual fueron enviadas tus palabras, expuestas tus leyes con claridad, esparcidos tus signos y establecida tu Palabra; mediante el cual fueron puestos al descubierto los corazones de tus elegidos y reunidos todos los que estaban en el cielo y todos los que estaban en la tierra; a quien Tú has llamado 'Alí-Muhammad en el reino de tus nombres y Espíritu de Espíritus en las tablas de tu decreto irrevocable; a quien has investido con tu propio título; a cuyo nombre se ha hecho regresar a todos los demás nombres, según tu mandato y por la fuerza de tu poder; y en quien Tú has hecho que todos tus atributos y títulos alcancen su consumación final. A Él también pertenecen los nombres que estaban ocultos en tus inmaculados tabernáculos, en tu mundo invisible y en tus santificadas ciudades.

Magnifica además a quienes han creído Él y en sus signos y se han vuelto hacia Él entre aquellos que han reconocido tu unidad en su última Manifestación, Manifestación que Él ha mencionado en sus Libros y en sus Escrituras y en todos los maravillosos versos y preciosas palabras que han descendido sobre Él. Esta es la manifestación cuyo Convenio le ordenaste establecer antes de que hubiera establecido su propio Convenio. Él es Aquel cuya alabanza ha celebrado el Bayán. En Él ha sido glorificada su excelsitud y establecida su verdad, proclamada su soberanía y perfeccionada su Causa. Bendito el hombre que se ha vuelto hacia Él y ha cumplido lo que Él ha ordenado. ¡Oh Tú que eres el Señor de los mundos y el Deseo de todos los que te han conocido!

Alabado seas, oh mí Dios, ya que nos has ayudado a reconocerle y amarle. Por tanto te suplico, por Él y por quienes son las Auroras de tu Divinidad y las Manifestaciones de tu Señorío y los Tesoros de tu Revelación y los Depositarios de tu Inspiración, que nos concedas servirle y obedecerle, y nos capacites para llegar a ser los que ayuden a su Causa y dispersen a sus adversarios. Potente eres para hacer todo lo que te place. ¡No hay Dios sino Tú, el Todopoderoso, el Todo Glorioso, Aquel cuya ayuda es solicitada por todos los hombres.

Bahá'u'lláh