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Alabanza

¡Gloria sea a Ti, oh Dios! ¿Cómo puedo yo hacer mención de Ti cuando Tú estás por encima de la alabanza de toda la humanidad? ¡Magnificado sea tu Nombre, oh Dios! Tú eres el Rey, la Verdad Eterna. Tú conoces lo que está en los cielos y en la tierra y a Ti todos regresaremos. Tú has enviado tu Revelación divinamente ordenada, de acuerdo con una clara medida. ¡Alabado seas Tú, oh Señor! Según tu deseo, Tú haces victorioso a quienquiera Te place, mediante las huestes del cielo y de la tierra y de todo lo que existe entre ambos. Tú eres el Soberano, la Verdad Eterna, el Señor de poder invencible.

¡Glorificado seas Tú, oh Señor! Tú perdonas en todo momento los pecados de aquellos de tus siervos que imploran tu perdón. Elimina mis pecados y los pecados de aquellos que anhelan tu perdón al amanecer, quienes Te oran durante el día y la noche, quienes no tienen otro deseo salvo Dios, quienes ofrecen todo lo que Dios generosamente les ha otorgado, quienes celebran tu alabanza a la salida del sol y al atardecer y quienes no olvidan sus deberes.

Báb

 

¡Gloria sea a Ti, oh Señor! Tú eres el Dios que ha existido antes de todas las cosas, quien existirá después de todas las cosas y perdurará más allá de todas las cosas. Tú eres el Dios que conoce todas las cosas y es superior a todas las cosas. Tú eres el Dios que trata con misericordia a todas las cosas, quien juzga entre todas las cosas y cuya visión abarca a todas las cosas. Tú eres Dios mi Señor, Tú eres consciente de mi posición, Tú eres testigo de mi ser interior y exterior.

Concédeme tu perdón, así como a todos los creyentes que respondieron a Tu Llamamiento. Sé Tú quien me apoye suficientemente ante las maldades de quienquiera desee inflingir sobre mí algún castigo o me desee algún mal. Verdaderamente Tú eres el Señor de todas las cosas creadas. Tú satisfaces a todos, mientras que nadie puede considerarse autosuficiente sin Ti.

Báb

 

Toda alabanza sea para Ti, oh mi Dios, quien eres la fuente de toda gloria y majestad, de grandeza y honor, de soberanía y dominio, de sublimidad y gracia, de asombro y fuerza. De acuerdo con tu voluntad, Tú haces acercarse al Océano Más Grande a quien Tú deseas y le confieres el honor de reconocer tu Muy Antiguo Nombre. De todos los que están en el cielo y en la tierra, nadie puede resistir la tentación de tu soberana voluntad. Desde toda la eternidad Tú registe la creación entera y continuarás siempre ejerciendo tu dominio sobre todo lo creado. No hay otro Dios más que Tú, el Omnipotente, el Exaltadísimo, el Todopoderoso, el Sapientísimo.

Ilumina, oh Señor, los rostros de tus siervos para que puedan verte; purifica sus corazones para que puedan volverse hacia la corte de tus divinos favores y reconocer a Aquel que es la Manifestación de tu Ser y la Aurora de tu Esencia. Verdaderamente Tú eres el Señor de todos los mundos. No hay Dios sino Tú, el Libre, el que todo lo domina.

Bahá'u'lláh

 

¡Gloria sea a Ti, oh mi Dios! ¡Que la fuerza de tu poder atestigüe en mí! Yo no puedo tener ninguna duda de que si cesara de respirar el santo hálito de tu amor y la generosa brisa de tu favor sobre todas las cosas creadas, en un abrir y cerrar de ojos la creación entera se acabaría y todo lo que hay en el cielo y en la tierra se reduciría a la nada absoluta. Glorificadas sean entonces las maravillosas pruebas de tu trascendental poder. Gloriosa sea la potencia de tu poder exaltado. Glorificada sea la majestad de tu grandeza que todo lo abarca y la influencia vital de tu voluntad.

Bahá'u'lláh

 

Dios atestigua la unidad de su divinidad y la singularidad de su propio Ser. Sobre el trono de la eternidad, desde las alturas inaccesibles de su posición, su lengua proclama que no hay otro Dios sino Él. Él mismo, independiente de todo, ha sido testigo siempre de su propia unicidad; revelador de su propia naturaleza; glorificador de su propia esencia. Él es en verdad el Todopoderoso, el Omnipotente, el Bellísimo.

Soberano sobre sus siervos, reina por encima de sus criaturas. En su mano está el origen de la autoridad y de la verdad. Él, con sus signos, da vida a los hombres; con su ira, les hace morir. Sobre sus hechos no ha de ser inquirido. Él es el Potente, el que todo lo subyuga. En su puño está el dominio de todo y en su mano derecha está el reino de su Revelación. Su poder en verdad abarca la creación entera. Suyas son la victoria y la soberanía; suyos toda fuerza y dominio; toda gloria y grandeza. Él es, de hecho, el Todo Glorioso, el Poderosísimo, el Incondicionado.

Bahá'u'lláh

 

Damos testimonio, oh mi Dios, de que Tú eres Dios y de que no hay otro Dios más que Tú. Desde toda la eternidad Tú existes sin que nadie pueda igualarte ni rivalizar contigo y siempre serás Tú lo mismo. Yo te suplico, por los ojos que te contemplan sentado sobre el trono de la unidad y en el asiento de la singularidad, que socorras por la mediación del Nombre Más Grande a todos los que te aman y los eleves tan alto que puedan por sí mismos y por sus propias lenguas testimoniar que Tú eres el Solo Dios, el Incomparable, el único, el Eterno.

Nunca has tenido semejante ni igual. Tú en verdad eres el Glorioso, el Todopoderoso, Aquel cuya ayuda todos los hombres imploran.

Bahá'u'lláh

 

Tú eres Aquel, ¡oh mi Dios!, por cuyo Nombre se curan los enfermos, se restablecen los desvalidos y los sedientos reciben bebida; los angustiados, tranquilidad; los extraviados, guía; los humillados, exaltación; los pobres, riqueza; los ignorantes, luz; los melancólicos, iluminación; los tristes, alegría; los fríos reciben calor y los oprimidos son liberados. Por tu Nombre, oh Dios, se movieron todas las cosas creadas y se extendieron los cielos, la tierra fue restablecida y las nubes fueron hechas para traer lluvia a la tierra. Esto es en verdad una prueba de tu gracia para con todas tus criaturas.

Bahá'u'lláh

 

¡Magnificado sea tu Nombre, oh Señor mi Dios! Tú eres Aquel a quien todo adora y no adora a nadie; quien es el Señor de todo y no es vasallo de nadie; quien todo lo conoce y no es conocido de nadie. Tú quisiste que los hombres te conocieran; por lo tanto, mediante una palabra de tu boca hiciste la creación y modelaste el universo. No hay Dios sino Tú, el Modelador, el Creador, el Todopoderoso, el Omnipotente.

Te imploro, por esta misma palabra que ha brillado sobre el horizonte de tu voluntad, que me permitas beber abundantemente de las aguas de vida con las que Tú has vivificado los corazones de tus elegidos y has hecho revivir las almas de aquellos que te aman, para que pueda, en todo momento y en toda condición, volver mi rostro completamente hacia Ti.

Tú eres el Dios de poder, de gloria y de munificencia. No hay Dios sino Tú, el Gobernante Supremo, el Todo Glorioso, el Omnisciente.

Bahá'u'lláh

 

¡Oh mi Dios, Dios de munificencia y misericordia! Tú eres aquel Rey cuya palabra imperativa ha hecho surgir toda la creación; Tú eres aquel Ser Todo Generoso a quien las acciones de sus siervos nunca han impedido demostrar su gracia ni han frustrado las revelaciones de su munificencia.

Te suplico que permitas a este siervo alcanzar lo que es la causa de su salvación en cada mundo de tus mundos. Tú eres verdaderamente el Todopoderoso, el Omnipotente, el Sapientísimo.

Bahá'u'lláh

 

¡Alabado sea tu Nombre, oh mi Dios y el Dios de todas las cosas, mi gloria y la Gloria de todas las cosas, mi deseo y el Deseo de todas las cosas, mi fuerza y la Fuerza de todas las cosas, mi rey y el Rey de todas las cosas, mi objetivo y el Objetivo de todas las cosas, quien me mueve y mueve todas las cosas! No permitas, te lo imploro, que me aparte del océano de tus tiernas mercedes, ni que permanezca alejado de las orillas de tu cercanía.

Nada fuera de Ti, oh mi Señor, me es provechoso, ni me beneficia la proximidad de otro ser que no seas Tú. Te ruego, por tus abundantes riquezas que te permiten prescindir de todo excepto de Ti mismo, que me cuentes entre aquellos que han vuelto su rostro hacia Ti y se han levantado para servirte.

Perdona entonces, oh mi Señor, a tus siervos y a tus siervas. Tú eres en verdad el que siempre perdona, el Más Compasivo.

Bahá'u'lláh

 

Di: Gloria sea a Ti, quien has hecho que todos los seres santos confiesen su incapacidad ante las múltiples revelaciones de tu poder y que cada profeta reconozca su insignificancia ante la efulgencia de tu perdurable gloria. Te imploro por tu Nombre, que ha abierto las puertas del cielo y llenado de éxtasis al Concurso de lo Alto, que me capacites para que te sirva en este día y me fortalezcas para que observe lo que Tú prescribiste en tu Libro. Tú sabes, oh mi Señor, lo que hay en mí, pero yo no sé lo que hay en Ti. Tú eres el Omnisciente, el Informado de todo.

Bahá'u'lláh

 

Las más elevadas facultades con que han sido dotados los sabios, todas las verdades que éstos hayan descubierto en su búsqueda de la ciencia; las más brillantes realidades que ellos -en su empeño por llegar al fondo de los misterios de tu saber- hayan descubierto, todas han sido creadas por la fuerza del Espíritu, imbuido en la pluma que tus manos han forjado.

¿Cómo es posible, pues, que lo ideado por tu Pluma sea capaz de comprender aquellos tesoros de tu Fe con que, según tu decreto, tal Pluma ha sido investida?

¿Cómo la Pluma puede conocer los Dedos que la manejan y tus misericordiosos favores con los que están dotados?

¿Cómo puede percibir plenamente la existencia de tu Mano que controla los Dedos de tu Potencia, estando ella sin capacidad para lograr este objetivo?

¿Cómo puede ella lograr la comprensión de la naturaleza de tu Voluntad que anima el movimiento de tu Mano?

¡Glorificado seas, oh mi Dios!

¿Cómo puedo yo, entonces, ascender hasta el cielo de tu más sagrada Voluntad o conseguir entrar en el tabernáculo de tu divina Ciencia, sabiendo, como sé, que las mentes de los sabios y de los entendidos son impotentes en sus empeños por descubrir los secretos de tus obras; artesanía que en sí misma es una mera creación de tu Voluntad?

¡Alabanza hacia Ti, oh Señor mi Dios, mi Maestro!...

Bahá'u'lláh

 

¡En el nombre de Dios, el Altísimo! ¡Alabado y glorificado seas Tú, Señor Dios Omnipotente! Tú, ante cuya sabiduría el sabio se incapacita y fracasa; ante cuyo conocimiento el erudito confiesa su ignorancia; ante cuyo poder el fuerte se debilita; ante cuya riqueza el rico atestigua su pobreza; ante cuya luz el iluminado está perdido en la oscuridad, hacia el altar de cuyo conocimiento se vuelve la esencia de todo entendimiento y alrededor del santuario de cuya presencia circulan las almas de toda la humanidad.

¿Cómo puedo entonces cantar y dar a conocer tu Esencia, que la sabiduría del sabio y el conocimiento de los eruditos no han comprendido, puesto que ningún hombre puede cantar aquello que no comprende, ni referir lo que no puede alcanzar, mientras que Tú has sido desde siempre el Inaccesible, el Inescrutable? Siendo impotente para ascender a los cielos de tu gloria y volar por los reinos de tu conocimiento, no puedo sino referir tus pruebas, que hablan de tu gloriosa obra.

¡Por tu gloria, oh Amado de todos los corazones! Tú, el único que puede aquietar las angustias e inquietudes por Ti. Aunque todos los habitantes del cielo y de la tierra se unieran para glorificar el menor de tus signos, en los cuales y por los cuales te has revelado a Ti mismo, ellos no podrían hacerlo, cuánto menos aún alabar tu Sagrada Palabra, creadora de todos tus signos.

Toda alabanza y gloria sean para Ti, acerca de quien todas las cosas han atestiguado que Tú eres Uno y no hay Dios sino Tú, que desde siempre has sido exaltado sobre todo igual o semejante y eternamente permanecerás el mismo. Todos los reyes no son sino tus siervos y nada son ante Ti todos los seres, visibles e invisibles. No hay Dios sino Tú, el Dispensador de Gracia, el Poderoso, el Altísimo.

Bahá'u'lláh

 

¡Oh Dios, mi Dios! La alabanza sea para Ti, pues has encendido el fuego del divino amor en el Sagrado Árbol que está en la cima del más encumbrado monte: ese Árbol que "no es del este ni del oeste", ese fuego que ardió hasta que su llama se remontó hacia el Concurso de lo Alto y de ella esas realidades recibieron la luz de guía y clamaron: "Verdaderamente hemos percibido un fuego en la ladera del Monte Sinaí".

¡Oh Dios, mi Dios! Acrecienta este fuego, con cada día que pasa, hasta que su calor ponga en movimiento toda la tierra. ¡Oh Tú, mi Señor! Enciende la luz de tu amor en cada corazón, inspira en las almas de los hombres el espíritu de tu conocimiento, alegra sus pechos con los versículos de tu unicidad. Resucita a aquellos que moran en sus tumbas, amonesta a los orgullosos, haz que la felicidad abarque al mundo entero, haz descender tus aguas cristalinas y haz circular en la asamblea de los esplendores manifiestos aquella copa que es "templada en la fuente del alcanfor".

Verdaderamente Tú eres el Dador, el Perdonador, el Siempre Conferidor. Verdaderamente Tú eres el Misericordioso, el Compasivo.

'Abdu'l-Bahá