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Pruebas y Dificultades

¿Quién puede librarnos de las dificultades salvo Dios?

Di: ¡Alabado sea Dios! Él es Dios.

Todos somos sus siervos y todos acatamos su mandato.

Báb

 

¡Oh Señor! Tú eres quien disipa todas las penas y elimina todas las aflicciones. Tú eres el que destierra cualquier pena y libera a todo esclavo, el Redentor de cada alma. ¡Oh Señor! Concédeme la libertad mediante tu misericordia y cuéntame entre aquellos siervos tuyos que han obtenido la salvación.

Báb

 

¡Alabado y glorificado seas, oh mi Dios! Te suplico por los suspiros de quienes te aman y por las lágrimas derramadas por aquellos que anhelan verte, que no me prives de tus tiernas mercedes en tu Día, ni de las melodías de la paloma que exalta tu unicidad ante la luz que irradia de tu rostro. Estoy en desgracia, oh Dios; mírame aferrado a tu Nombre, el todo Poseedor. Estoy seguro de perecer; mírame asido a tu Nombre, el Imperecedero. Te imploro entonces por tu Ser, el Exaltado, el Altísimo, que no me abandones a mí mismo ni a los deseos de una inclinación corrupta. Retén mi mano en la mano de tu poder, líbrame de las profundidades de mis fantasías y vanas imaginaciones y purifícame de todo lo que Tú detestas.

Haz entonces que me vuelva completamente hacia Ti, que ponga en Ti toda mi confianza, que te busque como mi refugio y que huya hacia tu rostro.

Tú eres verdaderamente Aquel quien, por la fuerza de su poder, hace lo que quiere y ordena lo que desea por la potencia de su voluntad. Nadie puede resistir la acción de tu decreto; nadie puede desviar el curso de tu designio.

Tú eres en verdad el Todopoderoso, el Todo Glorioso, el Más Generoso.

Bahá'u'lláh

 

¡Oh Tú, cuyas pruebas son la curación para quienes están cerca de Ti, cuya espada es el deseo ardiente de todos los que te aman, cuyo dardo es el más caro deseo de los corazones que te anhelan, cuyo decreto es la única esperanza de quienes han reconocido tu verdad! Yo te imploro, por tu divina dulzura y por los resplandores de la gloria de tu rostro, que nos envíes desde tus aposentos de lo alto aquello que nos haga acercarnos a Ti. Haz, entonces, que nuestros pies sean firmes en tu Causa, oh mi Dios. Ilumina nuestros corazones con el resplandor de tu conocimiento y alumbra nuestros pechos con el brillo de tus nombres.

Bahá'u'lláh

 

¡Glorificado seas Tú, oh Señor, mi Dios! Todo hombre de discernimiento confiesa tu soberanía y tu dominio. Y todo ojo perspicaz percibe la grandeza de tu majestad y la fuerza compelente de tu poder. Los vientos de las pruebas son impotentes para impedir que aquellos que gozan de tu cercanía vuelvan sus rostros hacia el horizonte de tu gloria. Y las tempestades de las tribulaciones no podrán alejar ni impedir acercarse a tu corte a quienes acatan completamente tu voluntad.

Pienso que la lámpara de tu amor arde en sus corazones y la luz de tu ternura está encendida en sus pechos. Las adversidades son incapaces de alejarlos de tu Causa y las vicisitudes de la suerte jamás podrán desviarlos de tu agrado.

Te imploro, oh mi Dios, por ellos y por los suspiros que exhalan sus corazones en su separación de Ti, que los protejas del mal de tus adversarios y que alimentes sus almas con lo que Tú has ordenado para tus amados, a quienes no sobrevendrá temor ni dolor alguno.

Bahá'u'lláh

 

Los corazones de los que te anhelan, oh mi Dios, se consumen en el fuego de su añoranza hacia Ti y los ojos de los que te aman lloran apenados a causa de su abrumadora separación de tu corte. La voz de las lamentaciones de los que han puesto sus esperanzas en Ti se ha elevado por doquier en tus dominios.

¡Oh mi Dios! Tú mismo, por tu soberano poder, les has protegido de los dos extremos: es decir, si no fuese por el fuego que quema sus almas y los gemidos de sus corazones, estarían ahogados en el torrente de sus lágrimas; y si no fuera por estas lágrimas, el ardor del fuego de sus corazones y el abrasar de sus almas les consumiría.

Creo que son como ángeles hechos de fuego y de nieve a la vez. ¿Serías capaz, oh mi Dios, de privar a tales almas de tu presencia, no obstante su gran fervor, o rechazarlas de la puerta de tu merced? En los corazones de tus elegidos toda esperanza está pronta a extinguirse. ¿De dónde entonces soplarán las brisas de tu gracia? Sus enemigos les cercan por todos lados ¿dónde se hallan las enseñas de tu triunfo que nos has prometido en tus Tablas?

¡Tu gloria es mi testigo! Por haber creído en Ti y haber reconocido tus señales, los que te aman se despiertan encontrando el cáliz de las aflicciones colocado delante de sus rostros. Aunque creo firmemente que tu compasión hacia ellos es mayor que la que ellos tienen de sí mismos y aunque les has afligido, no es con otro fin que el de proclamar tu Causa, hacerles ascender al cielo de tu eternidad y hacerles penetrar en los recintos de tu corte.

Por tanto, Tú conoces plenamente las flaquezas de algunos de ellos y percibes su impaciencia en los sufrimientos. Te ruego, oh mi Dios, les ayudes mediante tu gracia fortalecedora, para que puedan sufrir con resignación en su amor por Ti. Descubre ante sus ojos lo que les has decretado desde el tabernáculo de tu infalible protección, de modo que se apresuren al encuentro de lo preordenado para ellos en tu sendero y que compitan entre sí, en afanosa búsqueda de la tribulación por amor hacia Ti. Y si no, despliega ante ellos los estandartes de tu ascendencia y hazles victoriosos sobre tus enemigos, para poder manifestar tu soberanía a todos los moradores de tu reino y que el poder de tu dominio luzca entre tus criaturas.

Poderoso eres Tú para hacer lo que te place. No existe otro Dios más que Tú, el Omnisciente, el Todosapiente. Oh mi Dios, haz que tu siervo, que cree en Ti, se mantenga firme y ayúdale a servir a tu Causa. Guárdalo, en la fortaleza de tu custodia y protección, de todo peligro en esta vida y en la venidera. En verdad Tú reinas como deseas. No hay otro Dios salvo Tú, el que siempre perdona, el Más Generoso.

Bahá'u'lláh

 

¡Gloria sea a Ti, oh mi Dios! Si no fuera por las tribulaciones sufridas en tu sendero ¿cómo podrían ser reconocidos quienes verdaderamente te aman? Y si no fuera por las pruebas sufridas por amor a Ti ¿cómo podría revelarse la posición de aquellos que te anhelan? ¡Tu poder me lo atestigua! Las lágrimas vertidas son la compañía de todos aquellos que te adoran; los lamentos proferidos, el consuelo de aquellos que te buscan y los pedazos de sus corazones rotos, el alimento de aquellos que se apresuran para encontrarte.

¡Cuán dulce es la amargura de la muerte sufrida en tu sendero y cuán preciados son para mí los dardos de tus enemigos, al enfrentarlos por la exaltación de tu Palabra! Déjame beber en tu Causa todo lo que Tú has deseado, oh mi Dios, y envíame, por tu amor, todo lo que Tú ordenaste. ¡Por tu gloria! Sólo deseo lo que Tú deseas y anhelo lo que Tú anhelas. En Ti he puesto siempre toda mi fe y confianza.

Te imploro, oh mi Dios, que levantes a aquellos que sean dignos de tu Nombre y soberanía, para que ayuden a esta Revelación, me recuerden entre tus criaturas e icen los emblemas de tu victoria en tu tierra.

Potente eres Tú para hacer lo que te place. No hay Dios sino Tú, el que ayuda en el peligro, el que subsiste por Sí mismo.

Bahá'u'lláh

 

Disipa mi pena por tu munificencia y generosidad, oh Dios, mi Dios, y destierra mi angustia por medio de tu soberanía y tu poder. Tú me ves, oh mi Dios, con el rostro dirigido hacia Ti en un momento en que las aflicciones me han envuelto por todos lados. Te imploro, oh Tú que eres el Señor de todos los seres y proteges todas las cosas visibles e invisibles, por tu Nombre -mediante el cual Tú has sometido los corazones y las almas de los hombres- y por las olas del océano de tu misericordia y los esplendores del sol de tu generosidad, que me cuentes entre aquellos a quienes absolutamente nada ha impedido dirigir su rostro hacia Ti, oh Tú Señor de todos los nombres y Hacedor de los cielos.

Tú ves, oh mi Señor, lo que me ha sucedido en tus días. Te suplico por Aquel que es la Aurora de tus nombres y el Punto de Amanecer de tus atributos, que ordenes para mí aquello que me haga levantar para servirte y exaltar tus virtudes. ¡Tú eres verdaderamente el Todopoderoso, el Omnipotente, quien acostumbra a responder a las oraciones de todos los hombres!

Finalmente te pido, por la luz de tu semblante, que bendigas mis asuntos, redimas mis deudas y satisfagas mis necesidades. Tú eres Aquel cuyo poder y dominio toda lengua ha atestiguado y cuya majestad y soberanía todo corazón inteligente ha reconocido. No hay Dios sino Tú, quien escucha y está dispuesto a contestar.

Bahá'u'lláh

 

¡Oh mi Dios! No te alejes de mí, porque las tribulaciones me rodean. ¡Oh Dios, mi Dios! No me dejes sujeto a mí mismo, porque la extrema adversidad me ha visitado. Aliméntame con la leche pura de tu tierna bondad, porque la sed me ha abrasado enteramente. Bajo la sombra de tu misericordia abrígame, porque todos mis adversarios, con unánime opinión, han caído sobre mí. Guárdame cerca del trono de tu majestad, cara a cara con la revelación de los signos de tu gloria, porque el infortunio me ha alcanzado gravemente. Hazme comer el fruto del árbol de tu eternidad, porque la más extrema debilidad me posee. Aliméntame con las copas de la alegría ofrecidas por la mano de tu tierna misericordia, porque múltiples penas se han abatido pesadamente sobre mí. Revísteme con la vestidura ricamente bordada de tu omnipotente soberanía, porque la pobreza me ha despojado completamente. Permite que duerma, arrullado por el canto de la paloma de tu eternidad, porque los más negros dolores me han asaltado. Ante el trono de tu unidad, en el fuego de la belleza de tu rostro, hazme vivir, porque el temor y el temblor me han sacudido violentamente y, cuando me sea preciso enfrentarme al tumultuoso, que tus palabras me vistan de gloria. Sumérgeme en el océano de tu perdón, porque mis pecados me han condenado enteramente.

Bahá'u'lláh

 

¡Él es el Compasivo, el Todo Generoso!

¡Oh Dios, mi Dios! Tú me ves, Tú me conoces; Tú eres mi asilo y mi refugio. A nadie he buscado, ni a nadie buscaré salvo a Ti; ningún sendero he hollado ni sendero alguno hollaré, sino el sendero de tu amor. En la lúgubre noche de la desesperación mi expectante mirada llena de esperanza se dirige hacia la aurora de tu ilimitado favor y al amanecer mi alma lánguida es vivificada y fortalecida por el recuerdo de tu belleza y perfección. Aquel que es ayudado por la gracia de tu misericordia, aunque sólo sea por una gota, se convertirá en un océano sin límites y el más insignificante átomo que sea ayudado por la efusión de tu cariñosa bondad brillará como una estrella radiante.

Cobija bajo tu protección, oh Tú Espíritu de Pureza, Tú que eres el Proveedor Todo Generoso, a este cautivo e inflamado siervo tuyo. Ayúdale en este mundo de la existencia a permanecer constante y firme en tu amor. Y permite que este pájaro de alas rotas alcance un refugio y amparo en tu divino nido que se encuentra en el árbol celestial.

'Abdu'l-Bahá

 

¡Oh mi Señor, mi amado, mi deseo! Sé mi amigo en la soledad y acompáñame en mi exilio. Aleja mis aflicciones. Haz que me consagre a tu belleza. Apártame de todo excepto de Ti. Atráeme con tus fragancias de santidad. Haz que me asocie en tu reino con aquellos que se han desprendido de todo salvo de Ti, quienes anhelan servir en tu sagrado umbral y se levantan para trabajar en tu Causa. Permíteme ser una de tus siervas que han alcanzado tu complacencia. Verdaderamente Tú eres el Bondadoso, el Generoso.

'Abdu'l-Bahá

 

¡Oh Señor, mi Dios y mi refugio en la aflicción! ¡Mi escudo y mi amparo en mis desgracias! ¡Mi asilo y protección en la necesidad, y en la soledad mi compañero! ¡En mi angustia mi consuelo y en mi desamparo un amigo cariñoso! ¡El que elimina el dolor de mis tristezas y el que perdona mis pecados!

Me dirijo completamente hacia Ti, implorándote fervientemente con todo mi corazón, mi mente y mi lengua, que me protejas de todo aquello que es contrario a tu voluntad en este ciclo de tu divina unidad, y que me purifiques de toda contaminación que me impida buscar, limpio e inmaculado, la sombra del árbol de tu gracia.

Oh Señor, ten piedad del débil, sana al enfermo y apaga la sed que abrasa.

Alegra el pecho donde está encendido el fuego de tu amor y avívalo con la llama de tu espíritu y amor celestial.

Adorna los tabernáculos de divina unidad con la vestidura de santidad y pon sobre mi cabeza la corona de tu favor.

Ilumina mi rostro con el resplandor del astro de tu generosidad y ayúdame bondadosamente a servir ante tu sagrado umbral.

Haz que mi corazón rebose de amor por tus criaturas y permite que pueda convertirme en el signo de tu misericordia, en el símbolo de tu gracia, en el promovedor de concordia entre tus amados, consagrado a Ti, conmemorándote y olvidándome de mí mismo pero siempre atento a lo que es tuyo.

¡Oh Dios, mi Dios! No alejes de mí las suaves brisas de tu perdón y gracia y no me prives de los manantiales de tu ayuda y favor.

Déjame anidar bajo la sombra de tus alas protectoras y fija en mí la mirada de tu ojo que todo lo protege.

Desata mi lengua para que alabe tu Nombre en medio de tu pueblo, para que mi voz pueda elevarse en grandes asambleas y mane de mis labios el flujo de tu alabanza.

Tú eres verdaderamente el Benévolo, el Glorificado, el Poderoso, el Omnipotente.

'Abdu'l-Bahá